A propósito de este articulo, me ha dado que pensar en como la caricatura no permite distinguir la real conducta que le da sentido al termino “flaite”, usado en nuestro país para definir a cierto jóvenes de vestimenta y maneras vulgares que aparecen en sectores populares. Lo cierto es que mas allá del aspecto estético y manera de hablar, el verdadero flaite esta inserto en varias capas sociales manifestándose en aptitudes que chocan con el civismo y la cultura socialmente aceptada. Hablar groserías en publico, no respetar normas básicas de convivencia, tener vicios, etc.. no son particularmente propios de alguien que viva en una población popular o use una gorra de béisbol con la visera de lado.
Me consta que jóvenes que tiene mas de un auto a la puerta y veranean con piscina propia, tiene un vocabulario que dejaría impávido al mas procaz. Que toman alcohol hasta en misa y consumen prensados o polvillos con la mesada del papa o vendiendo su iphone por una bolsita “de la buena”. También aquellos que no son tan jovenes y sienten que tienen el derecho divino de disponer de la calle solo porque pagan mas impuestos que su vecino, estacionando su recién comprado (en cuotas) 4X4 en la vereda o desde el mismo lanzan los restos del cuarto de libra para que no se les vaya a ensuciar el tapiz. Mujeres y hombres que viven y mueren en el “mall”, hablando fuerte de lujos y viajes que obviamente también pagan en dolorosas cuotas, mientras en sus casas con suerte encontramos algún libro que no sea de la Pilar Sordo o Isabel Allende (regalado o prestado). Gente que ni siquiera es capaz de escribir una carta porque “no le nace” y prefiere ahorrarse tiempo mandando un SMS para pedir mas plata o porque que hay que “pasar a buscar a la niñitas al colegio” para no perder la hora con la peluquera o verse el tarot. Gente que se gasta lo que no tiene en un casino, con la remota esperanza de que por una vez, la suerte este de su lado y sean premiados por el destino, sin saber si alcanzaran a llegar a fin de mes con tanta deuda que pagar. Personas que solo ayudan al prójimo dejando el vuelto de monedas en el supermercado pero que son incapaces de sentarse a la mesa con la nana o saludar con una sonrisa a sus empleados cada mañana. Gente que mueve recursos y ganas para salvar al animal de turno, pero que no trepidara en botarlo a la calle o matarlo de “manera piadosa” si la cuenta del veterinario es muy grande.
Ser un flaite es mucho mas de lo que las redes sociales, a esta alturas, anti-sociales en muchos casos; nos dice o denuncia. Es algo que va con la verdadera naturaleza de nuestros valores y la falta de esa conciencia que se fue haciendo a punta de abrazos, de conversaciones, de cariño, de ser amigos solo por compartir palabras y afectos, de tener un barrio como prolongación de la familia, de querer a nuestra ciudad y a nuestros vecinos. Esto es algo que no se compra ni viene incluido en el ABC1. Mas alla de lo que tenemos, es de lo que carecemos lo que nos hace ser o no un flaite.
Por ultimo, habria que decir que los que hoy detentan dicho titulo son solo el producto de una maquinaria que cual trilladora social, separa el grano de la paja, creando riqueza y miseria en partes desiguales y separando el alma de la sociedad para que unos se crean mejores que otros. No es con carceles ni con amurallar o electrificar nuestras casas como se cambia la sociedad. Debemos cultivar una nueva semilla de justicia social y hacernos cargo cada uno por su lado de concederle un poco de respeto a nuestro prójimo, lentamente quizás pero de manera sostenida para que tengamos de una vez esperanza, que por ahora solo existe resignación.