El jurel del Pacífico sur, o simplemente jurel (Trachurus murphyi) es un pez pelágico que abunda en las costas del océano Pacífico sur. Tiene el cuerpo alargado, y la cabeza grande, con la mandíbula superior llegando casi a la órbita ocular. Alcanza 70 cm, siendo el promedio 60 cm.[1] El dorso es azul oscuro, mientras que el vientre es de color plateado; muestra una mancha negra junto a la parte posterior del opérculo. La aleta pectoral es característicamente larga y en forma de hoz. Su alto contenido proteico y bajo precio hace de él un producto alimenticio conveniente para el ser humano. Los países de mayor consumo de jurel en las últimas décadas son Chile, Perú, Estados Unidos, Sri Lanka y Papúa-Nueva Guinea, entre otros.
Fuente: Wikipedia
Uno de los recuerdos de infancia que tengo es cuando pasaban las camionetas por la cuadra y ofrecían la collera de Cojinova o de Jureles a 500 pesos y uno se preguntaba sino era mucho pescado. Cuando acudías con la bandeja o azafate, el vendedor te pasaba 4 o a veces 6 pescados enormes, de escamas brillantes y agallas rojas, los cuales se convertían en sabrosos filetes fritos o rico escabechado, acompañado de abundante chilena con limón. Comíamos hasta que nos daba hipo y no era raro que las onces fueran con inefable “sanguchito de pescado“ (o churrasco marino como le dicen ahora los emprendedores de turno). Que tiempos aquellos, cuando el mar era fuente y sustento de la mesa del antofagastino y comer pescado era algo común y corriente. Pero como todo lo bueno tiene un final, la historia hoy es muy distinta. Primero el pescado comenzó a encogerse y se fue haciendo cada vez mas chico. al principio no importo y era cosa de comprar una sarta mas grande y pelar mas nomas. Luego apareció una nueva especie de jurel, el “Jurelillo”, algo así como un jurel enano o pigmeo que parecía la cruza del tradicional con una anchoa o un pejerrey. Lo cierto es no existía tal especie y era solo que se había reducido la talla de captura autorizada por las autoridades de la época para mantener rentable las operaciones y las cuotas, las cuales eran mayormente destinadas a producir harina de pescado!. La cual paradojicamente, se utilizaba en la creciente industria avicola (por eso que los huevos tenian un extraño sabor).
La Cojinova se volvió escasa de un día para otro no sin antes achicarse rápidamente, pero nuestro tradicional jurel, permaneció fiel con nosotros, aunque esta vez, se empezó a encontrar cada mas seguido enlatado y su disponibilidad en el terminal pesquero ya no era la misma. Con el presupuesto acotado y la desaparición de la venta directa en ferias y mercadillos, la irrupción de los supermercados comenzó a volver popular el “Jurel tipo Salmon” un producto que solo podría existir en nuestro chilito. Caratulado como un alimento menor y de dudoso gusto culinario, fue relegado al fondo de la estantería, mas abajo que los lomitos de atún ecuatoriano, las anchoas en aceite y mariscos. La gente siguió comprando este producto pues seguía siendo barato y muy versátil en manos de un cocinero que supiera las bondades de este noble pez en la mesa del día a día. Ricas croquetas, tomates rellenos, budines, tortillas, pastas, ceviches, causeos y otros muchos platos, ricos y económicos hicieron las delicias de la familia nortina, en consuelo por la perdida de su símil en estado natural. Pero el progreso no se detiene y al tarrito tambien le llego la hora.
Hoy ha desaparecido de supermercados y solo se encuentra en algunos lugares como la Vega a precios al doble de lo que constaba hace un año. La causa? nosotros mismos, o mas bien, algunos de nosotros, que al mando de empresas pesqueras hemos destruido sistemáticamente el equilibrio del ecosistema marino con un uso indiscriminado del recurso marino y con técnicas abominables como La pesca de arrastre. lamentablemente los intereses económicos de algunos conocidos políticos, sirvieron para acelerar aun mas el proceso y hoy la reducción de la biomasa marina es critica, con incluso la posibilidad de la desaparición de este recurso marino. Aquí hemos perdido todos y unos pocos han ganado, privándonos de trabajo, alimentación barata y saludable producto de un mar que no nos pertenece pero deberíamos haber cuidado mas.

Actualización: Llegaron tarros del producto al Tottus pero grande fue mi sorpresa al ver que eran procedencia..CHINA!



