Este articulo aparecio por unas horas en The Clinic, pero misteriosamente desaparecio..
“¡Güeno, pero no te movai de aquí; voy a la cola de los pollos y vuelvo!”–, respondía la señora. Aquélla era la pregunta con que los niños solíamos abordar a las mujeres que se aglomeraban en las filas durante la Unidad Popular, para abastecerse de alimentos y cigarrillos a la vez. El pacto se sellaba en un abrir y cerrar de ojos; la típica advertencia del “no te movai de aquí”, mediada por un par de monedas, perfeccionaba el negocio, brindándole seguridad a las mujeres que jadeaban entre fila y fila para hacerse del pollo asignado por la JAP y la respectiva cajetilla de Hilton, sobre todo cuando plumíferos y cigarrillos llegaban a los puntos de distribución al mismo tiempo, o por la simple codicia acaparadora o por el desenfreno del vicio. Era la forma que la gente había inventado para “multiplicarse” en las filas y poder llevar a casa lo que escaseaba y que solía venderse a cuentagotas. Lo que no se conseguía “a la buena” en las famosas colas, se transaba en el “mercado negro” de los acaparadores, los mismos que antes se habían surtido usando niños custodios en cuanto almacén tuviera algo en sus escaparates, o consiguiéndose víveres bajo cuerda. Sigue leyendo →