
Algunos dÃas son mejores que otros, eso es siempre asi y nunca cambia. pretender que la vida sea miel sobre hojuelas es una ilusión y uno debe aprender a convivir con ese altibajo permanente. Todos los dÃas al cerrar los ojos (cuando puedo) sin querer me hago un repaso de lo bueno y lo malo del tiempo que acaba de suceder. Muchas veces este repaso es el culpable de que no pueda conciliar el sueño, en el afán de re-pensar que cosas hice mal y que pocas hice bien. mientras, mi compañera duerme y su respiración marca el ritmo de las horas que van pasando mas lentamente. Tengo un reloj que vigila mi propia vigilia y puedo sentir en el silencio de la noche, su rÃtmico tic-tac que en momento de angustia, cuando el recuerdo de mis hijos ausentes, de los malos dÃas del pasado o lo que es peor, de mi antiguo demonio, ese que se esfuerza por corromper y trizar lo bueno que pueda recibir de esta mezquina vida, a fuerza de temores y un mal genio impenitente, me atormenta con culpas y responsabilidades.
Anoche fue una de ellas, las horas del sueño, que otros medican y calman los pesares a mi solo me sirven para gatillar los pensamientos crÃticos respecto de mi persona y actuar. Aunque ya no es como antes, de alguna manera, estas vigilias nocturnas son necesarias para poder recomponer mi conciencia. Al dÃa siguiente, puedo ver ver juntos con las primeras luces, los deberes y reparos que me esperan silentes y ansiosos de ser tomados en cuenta.