Hoy me toco ir nuevamente a tribunales por un tema personal y mientras esperaba mi turno (despues de hacer fila a las 7:00 de la mañana) me puse a mirar las caras de las personas que esperaban su turno de atencion. Mujeres y hombres con rostros cansados y tristes. Muchos, con papeles marchitos en las manos, estrujando rabias y penas de quien sabe que situaciones vividas.
Mi experiencia tampoco ha sido muy feliz, pues me encuentro atravesando un conflicto familiar derivado de mi separacion matrimonial y el proceso recien comienza en lo legal. En aquella sala, me fue inevitable pensar en quizas cuantos sueños rotos, cuantas palabras de amor envenenadas, cuantos “Te quiero” anulados por un timbre, cuantos “juntos para siempre” invalidados por un “dejame en paz..”
Me imagino que otros lugares, en otras salas de espera, ocurren cosas diametralmente opuestas, donde algunos esperan ansiosos la oportunidad para decir frente a un libro y a unos testigos, un “Si, Quiero” mientras la mirada trata de buscar en los ojos del otro, una confirmación de que asi sera; En otras, un hombre se pasea nervioso, buscando saber si todo ha resultado bien y pronto podra tener nuevamente a su lado, a la mujer que ama y al fruto de su amor entre sus brazos. Pareciera ser que la genesis de todo lo importante, lo viviremos sentados en un fria banca, estrujando un ticket o mirando fijamente un tablero, esperando que llegue finalmente nuestro turno.